Videoquardologues

10 de marzo al 06 de abril 2026

El 10 de marzo inaugura VIDEOQUADROLOGUES. A lo largo de casi dos años, un grupo de artistas de y en diversos países intercambiaron archivos de video que intervenían, manipulaban y reenviaban por turnos. Esta muestra presenta algunos de los resultados de esa video-correspondencia.

Agustina De Vera
Nerea Moreno Felipe
Simon Svetlik
Henrike von Dewitz

Existen varios (pero no muchos) modelos diferentes de afrontar la creación artística desde (o hacia) la disolución de la autoría única. Uno de los más aplicados, desde siempre, es el que utiliza la correspondencia. En todas las épocas, esta implica distancia y espera. No me refiero, claro está, a la idea de correspondencia entre dos o más personas como una obra conjunta (que puede serlo, aunque la mayor parte de las veces eso es una decisión tomada por alguien ajeno a los autores), sino a la
correspondencia como estrategia, soporte o condición de la creación conjunta de un determinado objeto cuyas características (algunas de ellas) se determinan de antemano de acuerdo a un interés común.

Como escribió A. G. Porta refiriéndose a su colaboración con el escritor chileno Roberto Bolaño, “no debe ser fácil llevar a cabo una obra entre dos, puesto que la realidad así lo confirma” (1). En efecto, la tradición de creación conjunta no es gigantesca en literatura. Pero sí lo es en la pintura, en la arquitectura, en el cine, y en los diferentes tipos de lenguajes audiovisuales que asociamos al concepto de “video” para vincularlos al surgimiento, en la segunda mitad del siglo XX, de un tipo de tecnología de grabación, edición y reproducción portable, rápida y accesible. Curiosamente, la pintura, la arquitectura y el cine han sido, o son, actividades eminentemente colectivas a lo largo de la mayor parte de sus historias. El video, debido a su relativa juventud y al contexto estético en el que surgió, tiende a la individualidad. Sin embargo, también siempre ha poseído las características ideales para convertirlo en soporte de correspondencia, y de video correspondencias ha habido, y sigue habiendo, muchos ejemplos. No todos estos intercambios, sin embargo, están pensados como soporte de una creación colectiva que de algún modo esté “por fuera” de los objetos que se intercambian. Busquemos un modelo de comparación. Dos escritores que viven en países diferentes, en el siglo XVII, se escriben cartas en las que intercalan versos de un poema que escriben juntos. Las cartas son los objetos que intercambian; el poema, el objeto que crean en conjunto utilizando las cartas como soporte y que entrará en un sistema (literario) y un circuito de distribución. Dos artistas visuales (por ejemplo, Simon Svetlik y Henrike von Dewitz) que viven en ciudades diferentes (por ejemplo, Liubliana e Izola, en Eslovenia), en el siglo XXI, se envían a través de internet archivos .mp4, .mob o .mpeg que son fragmentos del flujo de producción audiovisual que producen en sus vidas diarias pero que tienen ciertas características particulares. Los artistas se han dado cuenta de que algunas de las cosas que filman tienen mucho en común, y han decidido comenzar un diálogo en el que esos fragmentos son los objetos que intercambian con el fin de crear en conjunto un objeto diferente destinado a entrar en un sistema (artístico) y en un circuito de distribución.

Simon Svetlik y Henrike von Dewitz intercambiaron objetos audiovisuales por cinco años (2018-2023) con un método simple (la correspondencia implica distancia y espera) y una premisa también simple: cada autor recibe un archivo y lo interviene a piacere antes de enviarlo al otro autor, que interviene ese mismo archivo y lo reenvía hasta que ambos autores, de común acuerdo, entienden que el proceso está terminado, y comienzan de nuevo con otro material original. Como en el caso de muchos autores que han pasado por procesos similares en diferentes lenguajes artísticos, la decisión de “terminar” una pieza realizada en estas circunstancias tiene mucho que ver con la sensación de que la disolución de la autoría se ha alcanzado satisfactoriamente: la frase “ya nos resulta difícil saber quién de nosotros hizo qué cosa” (que aparece también en los testimonios de los artistas participantes en Videquadrologues) refiere a un valor y a un resultado buscado o deseado. Y no siempre fácil de lograr. Dejo al lector sacar sus propias conclusiones acerca de las implicaciones estéticas, éticas y políticas de esta pŕactica.
Después de dos series de intercambios de varios objetos y dos muestras de los resultados en formato de videoinstalaciones que incluían también fragmentos del proceso, tituladas Videopisma (Videocartas) (2), Simon Svetlik (desde Liubliana) y Henrike von Dewitz (desde Izola) se dedicaron a «disolverse» en un intercambio de correspondencia expandido que continuó el modelo previamente explorado a lo largo de casi dos años (2024-2026) y en el que participaron también Agustina De Vera (desde Montevideo y San José de Mayo, Uruguay) y Nerea Moreno Felipe (desde Peralejos de las Truchas, España). Este grupo, conformado a través de diversos encuentros y circuitos y azares, se reunió por primera vez en cuerpo presente en Liubliana, en enero de 2026, a fin de preparar y mostrar los primeros resultados de su videocorrespondencia a través de la video-instalación Videoquadrologues (Cirkulacija2, 24/1 31/2/2026) (3). Videoquadrologues fue co-producida por las asociaciones artísticas Cirkulacija2 (Liubliana) y Boja (Izola), que junto con Laboratorio de Cine FAC (Montevideo) también colaboran en la producción de esta muestra en el Museo Blanes. Esta segunda presentación pública del proyecto también da cuenta de los vínculos con Uruguay de tres de los miembros del colectivo.

La práctica desarrollada sui generis por estos artistas integra tres aspectos centrales que son también una serie de decisiones tomadas al inicio del proceso de trabajo. El primero es el método utilizado para llevar a cabo la correspondencia de un modo ordenado y sistemático: cada artista produjo un clip de video/audio original que envió a uno de los otros tres, que lo intervino y lo envió a su vez a uno de los otros dos, y así sucesivamente, de acuerdo a un cronograma y con un mes de plazo para cumplir con su parte. El segundo es el rango de estrategias y procedimientos técnicos utilizados por cada artista en su trabajo de intervención en los clips recibidos: se aplicaron superposiciones (de audio e imagen), deformaciones, fragmentación, pixelado, inversiones, capas de colores y numerosos otros efectos de edición de video y sonido digitales, pero los artistas se abstuvieron (y fue una decisión difícil) de utilizar inteligencia artificial, considerando solo válidos contenidos originales producidos por cada artista con sus dispositivos. En este último punto se percibe una intención de mantenerse en un nivel hasta cierto punto documental, o realista, y eso nos lleva al último aspecto a analizar: las coordenadas estéticas. Si bien cada artista del grupo tiene su propia personalidad artística y sus preferencias, los resultados finales (por ahora finales) demuestran que la metodología y los procedimientos utilizados resultaron en una serie de piezas originales que se mueven entre la abstracción y la referencia intentando un equilibrio difícil que les otorga cierta tensión y produce en el espectador una sensación de espera, distancia y expectativa, a veces frustrada, a veces no. Como ocurre con toda correspondencia.


Francisco Tomsich


(1) A. G. Porta, «La escritura a cuatro manos». En: Consejos de un discípulo de Morrison a un
fanático de Joyce / Diario de bar (Barcelona: Acantilado, 1982/2006). Citado en: Horacio Cavallo y
Francisco Tomsich, Sonetos a dos (Montevideo: Trilce, 2008).
(2) Ver: https://rikemarie.wordpress.com/videopisma/
(3) Ver: https://www.cirkulacija2.org/?p=12752

 

Compartir