VERBO / Gustavo Tabares
Inauguración: jueves 15 de octubre, 19 h
En el principio era el Verbo. Pero antes, la luna, el sol y las estrellas, esperaban ser nombradas. Desde un trabajo visceral y necesario, Gustavo Tabares insiste en volver a ciertos orígenes, intentando nombrar mediante signos e intercambios epistolares, algunos bordes olvidados de la historia. Despliega una nueva constelación que en diálogo con el pintor de la patria, Juan Manuel Blanes y sus amigos artistas muertos, instaura otra forma de nombrar. Poniendo en cuestión las tinieblas y la luz, en un registro donde aquel verbo bíblico hecho carne, se transforma en cosmogonía.
Lucía Pittaluga
Si vemos las pinturas de Tabares podemos encontrar referencias a formas caligráficas, a una estructuración que refiere a la escritura. El paso que da hacia una literatura epistolar, en la que a través de cartas a Blanes manda mensajes a sus amigos artistas muertos parece un paso posible, sin que haya una relación literal obvia o directa entre su pintura y las cartas. Lo que si está claro es que hay una conversación con los muertos, que a mi juicio es uno de los fines de la producción simbólica.
Santiago Tavella
Tabares es un artista que no se entrega a procesos lineales de creación, permitiéndose actuar desde lo visceral cuando lo necesita, dejando que la intuición atraviese sus decisiones. Esta misma lógica se traslada a los títulos de sus obras, que no guardan una relación racional y directa con lo visual, sino que responden a un sistema afectivo propio. En VERBO podemos hacer el ejercicio de ver las capas de un sedimento artístico complejo: claves visuales de toda su carrera, el ejercicio epistolar de escribirle a artistas nacionales que ya no están, e incluso el trabajo sobre parte de un acervo familiar. Estas capas se acumulan desde la construcción de una historia del arte afectiva del medio local y generan un gesto sutil de introspección. Un acto de fragilidad del artista para quien se tome el tiempo necesario de apreciarlo.
Mauricio Rodríguez
Cuando él, (Tabares), se presenta, dice que “trabaja sobre las contadicciónes en el concepto de civilización”. Me parece que es una buena excusa para decir y hacer todo lo que se le da la gana. Su trabajo y su proceso creativo es el resultado de un extenso palimpsesto. Una capa sobre otra va imprimiendo una temporalidad de sucesivos recubrimientos. Hay muchas obras debajo de la superficie de la obra. La civilización es solo la superficie de otras civilizaciones reprimidas, silenciadas y sepultadas. Tabares establece un lenguaje de signos que parecen rastros de significados ancestrales que no pueden ser decodificados, ¿Una escritura? Las pinturas de Blanes construyen un imaginario civilizatorio del Uruguay como nación, pero ¿qué artista no edifica un imaginario? Tabares dialoga apenas con algunos formatos monumentales del pintor de la patria. Algunas obras llevan por título una correspondencia en la que Blanes es el emisario de sus vínculos con colegas muertos. Hay dos lenguajes; el de la pintura cuya última capa establece un código abierto a la metáfora, y el epistolar que conversa con esa parte afectiva, con anécdotas que nos dan pistas sobre sus referentes, quienes también forman parte de la búsqueda a ciegas en la construcción de nuestro universo simbólico.
Federico Arnaud

